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Historia del Reiki

historia

El antiguo y perdido método de sanación natural, que hoy en día ha sido bautizado con el nombre de Reiki, fue encontrado a principios del siglo XX (1922), por Mikao Usui Sensei, monje budista y Maestro espiritual de la ciudad de Kyoto, Japón. No obstante, los orígenes antiguos del Reiki datan, según investigadores de los Anales Akáshicos, de hace, aproximadamente, 140.000 años.

La primera vez que el Reiki se trajo a la Tierra fue en tiempos del continente perdido de la Lemuria, con el objetivo de ayudar a algunos seres humanos en los que surgieron sentimientos bajos, que les llevaron a alejarse de su verdadera naturaleza. Sin embargo, el Reiki desapareció tras una serie de cataclismos que hundirían la Lemuria.

Posteriormente, esta forma de sanación fue traída por segunda vez a la Atlántida, donde se utilizó hasta la gran guerra que hizo desaparecer este continente y, tras el paso del planeta Hercóbulus, se perdió en la noche de los tiempos.

Luego, por tercera vez, sería llevado a Egipto donde lo enseñó el mítico Hermes Trimegisto, piedra fundamental de toda la sabiduría egipcia de aquel entonces, y de muchas escuelas esotéricas posteriores, como las que arraigaron en Grecia tiempo después, y también sería llevado a la India y al Tíbet, donde lo conservó una selecta minoría. Sin embargo, desaparecería por largos intervalos de tiempo.

Tras ese largo período de tiempo, en el cual el Reiki permaneció en el olvido, fue descubierto en su forma actual por Mikao Usui, en unos ancestrales fragmentos escritos en sánscrito, de la antigua cultura sivaíta, en las enseñanzas esotéricas de la India.

Mikao Usui nació el 15 de agosto de 1865 en la aldea de Yago, situada en el distrito Yamgata de la prefectura de Gifu, en el sur de Japón, en una familia ilustre, bien acomodada y muy devota de la doctrina de Gautama Siddharta, que seguía con anhelo sus enseñanzas.

Mikao Usui se sintió fuertemente atraído y seducido por el amor y comprensión que irradiaban las enseñanzas y la personalidad de Buda, y por las capacidades de sanación que adquirió después de alcanzar la iluminación, no sólo Él, sino también algunos de sus devotos, tras seguir sus conocimientos sagrados.

Por todo ello, decidió investigar primero en las escrituras chinas sobre las enseñanzas de Buda. Posteriormente, decidió buscar en la India, y halló en los “Sutras Tibetanos del Loto” una descripción intelectual del método curativo y ciertas fórmulas y símbolos. Pero eso no le ayudó para la práctica de las curaciones.

Su necesidad de alcanzar el método para sanar el cuerpo como lo hacía Buda, llevó a Mikao Usui a viajar por los lugares sagrados budistas de Japón sin descanso, y siempre preguntando lo mismo. Tras largas peregrinaciones y búsqueda, sus esfuerzos se vieron coronados con el éxito cuando entabló relación con un viejo abad de un monasterio cerca de Kyoto, quien se interesó en su búsqueda y le permitió seguir estudiando en los antiguos sutras budistas conservados en su gran biblioteca.

Se dirigió a los escritos originales redactados en sánscrito, teniendo la impresión de descubrir lo que buscaba en las enseñanzas orales del Buda, fielmente transcritas por uno de sus discípulos directos. En un viejo manuscrito de los Sutras Tibetanos, encontró un nuevo sistema para contactar con un Bodhisattva que podía iluminarle y transmitirle el método para sanar el cuerpo como lo hizo el Buda.

Después de siete largos años, Usui se había acercado a su objetivo. Poseía el conocimiento y las claves de la curación, pero carecía del poder para servirse de ellas.

Así, pues, Usui se retiró a meditar al monte sagrado Kurama, no muy lejos de allí, para hacer un ayuno absoluto y meditación hasta alcanzar su objetivo. Durante todo su retiro, no hizo otra cosa que ayunar, leer los sutras, orar y meditar. Al amanecer del vigésimo primer día, percibió un rayo luminoso y brillante dirigirse velozmente hacia él. El rayo se hizo cada vez más grande; y al acercarse, se convirtió en la forma de un Bodhisattva que le preguntó qué era lo que buscaba. Usui respondió que deseaba conocer los secretos de sanación utilizados por el Buda.

Usui entró en un estado de supraconciencia. Cuando salió de este estado se dio cuenta de que el sol se encontraba ya en el cenit. Su hambre y su fatiga ya no tenían importancia, porque una nueva energía se había apoderado de él. Así recibió su sintonización con el Reiki y la promesa de que podría transmitirlo a otros.